Categoría: Enero 2016

Con un DT morado en el banco, LDA le quitó invicto a Saprissa

En el amor y la guerra todo se vale, reza un viejo adagio por ahí y parece que en los clásicos también, al menos así lo dejó ver Liga Deportiva Alajuelense en un choque ante el Deportivo Saprissa el domingo 2 de junio de 1957, cuando sus jugadores, guiados por un entrenador morado, derrotaron a un invicto equipo josefino.

Antes de ese clásico, los manudos llegaban con 5 victorias y un empate, 16 goles anotados y solo 5 permitidos; mientras los saprissistas con 5 triunfos en igual cantidad de presentaciones, con 12 goles marcados y ni un solo tanto en contra.

Semejantes antecedentes hicieron que unas 15 mil personas llenaran el Estadio de Alajuela. Los que no pudieron entrar, se subieron al tejado de los vestuarios, provocando el hundimiento del techo con saldo de treinta heridos. Afuera del recinto y en el resto del país, la transmisión por radio llevó las emociones. La recaudación fue un récord de 55 mil colones.

Alfredo Chato PiedraEn el banquillo manudo estaba un saprissista de corazón, don Alfredo “Chato” Piedra Mora (1915-2003), que ya había dirigido a los morados. Piedra, quien jugó para Orión FC vio prácticamente el inicio de la institución morada bajo el alero orionista, por ende le tomó cariño al club hasta el día en que partió a la casa del Señor.

El “Chato” Piedra envió al campo a Carlos Alvarado, Germán Guillén, José Luis Vivó Quesada, Édgar Barrantes, Isaías “Macatre” Esquivel, Cornelio Urbina, Isaías Araya, Carlos “Cuca” Herrera, Juan Ulloa, Juan Soto y Nelson Villalobos.

Por el Saprissa actuaron Mario “Flaco” Pérez, Giovanni Rodríguez, Mario “Catato” Cordero, Alex Sánchez, “Tulio” Quirós, Marvin Rodríguez, Rodolfo Herrera, Álvaro Murillo, Jorge “Cuty” Monge, José Luis “Saningo” Soto y Rubén Jiménez, mientras en el segundo tiempo Napoleón Torres y Negus Cordero.

El árbitro del juego fue el inglés William Crawford. Desde el pitazo inicial (10:30 am), Alajuelense empleó la velocidad sobre la parte baja morada que ese día que debió laborar horas extras, lo que no había tenido que hacer en todo el inicio del campeonato.

Una descolgada de Juan Ulloa le marcó el primer gol del campeonato al “Flaco” Pérez, sobre los 30 minutos. Saprissa no había recibido gol en los primeros cinco juegos del torneo de 1957. 1 a 0 al descanso.

Reanudadas las acciones, todos esperaban la respuesta de los capitalinos pero ésta no pudo llegar porque un cabezazo de “Cuca” Herrera al 48’, después de un tiro de esquina de “Tapón” Villalobos, estropeó muy rápido cualquier intento. 2 a 0 finalizó el clásico.

Juan Ulloa en hombros 1957
Juan Ulloa sale en hombros luego del triunfo manudo 2-0 sobre Saprissa en Alajuela durante 1957.

En Alajuela todo fue fiesta, sacaron en hombros a Juan Ulloa y a su entrenador “Chato” Piedra, que conocía muy bien al plantel rival y supo traerse abajo los dos invictos josefinos: El de no recibir anotaciones y el de tampoco haber caído.

El torneo de 1957 fue muy parejo, una lucha entre rojinegros y morados. Al final de las dos vueltas, tanto Saprissa como Alajuelense sumaban 23 puntos; pero el gol diferencia (+25 de los capitalinos sobre +21 de los erizos) le dio el título a los saprissistas, dirigidos por el argentino Carlos Peucelle (1908-1990). Un 7-0 sobre Uruguay de Coronado inclinó la balanza en favor de los morados para decidir en qué manos se quedaba el cetro.

Rodolfo Herrera ante Carlos Alvarado
Rodolfo Herrera (SAP) intenta vulnerar la portería de Carlos Alvarado (LDA).

Don Alfredo Piedra también vio como su otro equipo, el Orión FC, descendía a la Segunda División en ese mismo torneo.

Pasaron cinco años para que Saprissa volviera a levantar la copa (1962), y como el balón nunca para de rodar, lo hizo bajo las órdenes de don Alfredo “Chato” Piedra, quien había regresado a su querida institución saprissista.

A 65 años de los primeros árbitros ticos con gafete FIFA

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Gefete FIFA para árbitros en 1950.

A pesar de que el arbitraje nacional y mundial no atraviesan precisamente su mejor momento, ésta mal retribuida profesión también tiene sus facetas de orgullo y satisfacción para los otrora “hombres de negro”.

Entre esos méritos está el de portar el gafete FIFA, que acredita a cualquier silbatero para impartir justicia en el exterior o al menos en encuentros de corte internacional.

En 1950, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), le envió una comunicación a la Federación Nacional de Fútbol de Costa Rica, solicitándole una nómina de cinco réferis que pudieran ostentar este galardón. Hasta la fecha ningún árbitro costarricense lo poseía.

De inmediato nuestro ente federativo comisionó al entonces Colegio Nacional de Árbitros de Fútbol, como entidad técnica autorizada y capacitada, para la mencionada escogencia.

La directiva de dicho colegio la componían principalmente el liceísta Eduardo Garnier, Pedro Quirce y Juan Rafael Navarro, hombres de reputación intachable y quienes además de haber sido árbitros, también fueron jugadores y dirigentes destacados. En ellos recayó la escogencia.

Vino la designación, la cual se basó en los silbateros de mejores participaciones, ellos fueron: Salvador González Villavicencio de trayectoria extensa, Adolfo Ruíz Campos, Marcial Ramírez Salas, Francisco Muñoz Garbanzo y Miguel Antonio Zaldívar Rovira.

Los cinco árbitros anteriores, fueron los primeros jueces costarricenses en portar el gafete FIFA, una vez que la máxima entidad del fútbol mundial aceptó y dio como buenos tales nombramientos. La comunicación oficial llegó en enero de 1951 a la federación tica.

Aunque han pasado 65 años de esta distinción, prácticamente olvidada por el tiempo, estos cinco réferis abrieron brecha en cuanto a gefetes FIFA se refiere y hoy los recordamos.

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El destacado árbitro costarricense, Salvador González Villavicencio, a un costado de la portería en el juego Orión FC 3 Audax 1 (Chile) de 1933 en el Estadio Nacional de La Sabana. González recibió el gafete FIFA a los casi 52 años de edad, en 1951.

En Primera: Lo expulsan y la emprende a patadas contra el árbitro

arbitro al sueloLos desacuerdos por decisiones arbitrales han existido toda la vida. En la Primera División costarricense, se registró un primer caso de violencia a un réferi por parte de un futbolista hace ya bastantes años, un acontecimiento que escandalizó al medio deportivo tico por completo y cuyos detalles damos a conocer en estos párrafos.

Para el domingo 21 de junio de 1931, se tenía previsto un día de festividad y premiaciones durante el partido de campeonato entre el Orión FC y la Sociedad Gimnástica Española, en el Estadio Nacional.

El encuentro era dedicado a las madrinas Hilda Van der Laat del Orión FC y a la señorita María Eugenia Escorriola de la Gimnástica Española, además de los presidentes de ambos clubes, señores Porfirio Morera de los gimnásticos y Pedro Giralt de los orionistas.

Por si fuera poco, durante el intermedio, se entregaron los trofeos a los campeones de 1930: CS Herediano (Primera División), CS La Libertad (Segunda) y CS Buenos Aires (Tercera); pero los actos no acababan ahí, ya que la Federación obsequió unos finos relojes-cronómetros a los árbitros Salvador González y Hernán Gómez, como los silbateros con más partidos dirigidos en los torneos de 1929 y 1930, respectivamente.

Con ese marco de condecoraciones y reconocimientos, el juez Hernán Gómez inició el partido a las 10 am. En las filas de la “Constelación” había figuras de calidad como el arquero Enrique de Mezzerville, el medio Óscar Bolaños y en ataque Antonio “Toño” Hütt. Del lado españolista la mirada siempre estaba puesta en su guardameta Ricardo “Manchado” González, el zaguero José “Pepe” Escorriola, los medios Fausto Argüello y Jesús “Chiseta” Rojas, mientras en ataque Miguel “Lito” Pérez.

El primer tiempo señaló un 2-0 en favor del Orión, con tantos marcados por “Toño” Hütt. En el intermedio vinieron las premiaciones y así, sin mayores novedades, comenzó la segunda parte; pero esa tranquilidad estaba a punto de acabar.

Al minuto 70, el jugador Héctor Albertazzi (SGE) llevaba la pelota cuando el árbitro Gómez lo sancionó por ayudarse con la mano. El medio gimnástico, tomó el balón y lo envió a las gradas en señal de protesta. El juez Gómez no pasó por alto el irrespeto de Albertazzi, expulsándolo del partido.

Aquí fue donde sucedió lo inimaginable, Albertazzi se negó a salir del campo y más bien tomó a bofetadas y puntapiés al árbitro Gómez hasta dejarlo acostado en el campo, ante la mirada estupefacta del numeroso público en el estadio.

En medio del barullo, sujetaron a Héctor Albertazzi para atender al árbitro Hernán Gómez quien fue llevado al botiquín del estadio, donde fue atendido por el masajista Alegría y por el doctor Raúl Blanco Cervantes. Posteriormente lo trasladaron al Hospital San Juan de Dios.

Para salir de la cancha, Albertazzi debió ser escoltado por la policía hasta el camerino; ya que el público enardecido, por su conducta indebida, quiso hacer justicia por su propia cuenta. La acción provocó incluso que al mediocampista de la Gimnástica lo llevaran a la delegación policial.

El partido continuó ahora con el arbitraje de Salvador González y finalmente lo ganaron los orionistas 3 a 0, con el triplete de “Toño” Hütt.

Ese mismo domingo, en sesión extraordinaria la Federación Deportiva se reunió y castigó por tiempo indefinido a Albertazzi, hasta en juegos amistosos.

La prensa de entonces se refirió así al hecho: “…un acontecimiento que no ha tenido parangón en la historia del fútbol nacional, el jugador Héctor Albertazzi agrede al juez a puntapiés dejándolo sin conocimiento, esto ha sido la mayor muestra de salvajismo q’ un deportista ha dado en el Estadio…”

Gómez se recuperó, el tiempo pasó y en julio de 1933, dos años después, la Federación le concedió el indulto a Héctor Albertazzi; pero lo actuado ese día, quedó en las páginas negras del balompié nacional.

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Gráfica del juego entre Orión FC y la Gimnástica Española de 1931, en la que el árbitro Gómez fue agredido por el jugador gimnástico Albertazzi.

Cartaginés jugó con 10, doblegó a Herediano, le invalidaron dos goles y fue campeón

La tarde del domingo 12 de enero de 1941, quedó por siempre en la historia del Club Sport Cartaginés al conseguir su tercer campeonato de la máxima categoría, frente a un enconado rival: El Club Sport Herediano.

La historia de este partido inicia, eso sí, el 1 de diciembre de 1940, cuando empataron 3 a 3; pero un pleito entre jugadores de ambos bandos, generó que el árbitro Tenorio lo diera por terminado antes del tiempo reglamentario, razón por la que se ordenó su repetición el 12 de enero de 1941, inicialmente en horario matutino; pero la Federación Nacional, a cargo de Manuel Rodríguez, lo varió días antes para las 3 de la tarde, a petición de los clubes.

Aproximadamente 8 mil aficionados colmaron las gradas del Estadio Nacional en La Sabana. Algunos que no encontraron espacio, se apostaron a un lado de la cancha. En el palco se encontraban el Presidente de la República, Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, quien llegó a caballo, el Gobernador de Cartago, señor Guillermo Yglesias Flores y el Ministro de Fomento, señor Alfredo Volio Mata, además de otros personeros de Gobierno. El Presidente de Junta Directiva en Cartaginés era don Marino Leandro y Eladio Rosabal en la del Herediano.

CS Cartaginés campeón 1940
Parte del plantel del Cartaginés campeón de 1940: Napoleón “Polón” Aguilar, Manuel Cantillo y Enrique Madriz. Sentados en la fila del medio: Carlos Chinchilla, Humberto Cisneros y Jorge Calvo. Sentados en primera fila: Carlos “Macho” Robles, José “Chino” Achoy, José Rafael “Fello” Meza, Hernán Cabalceta y Alfonso Arnáez. Foto cortesía de José Rafael Soto Sanabria.

El CS Herediano saltó al engramado con Agapito González; Milton Valverde y Enrique Lizano; Abel Sandoval, Santiago Bonilla y Carlos Garita; Idalí Víquez, Guillermo Jiménez, Manuel “Manolo” Zamora, Aníbal “Ñeco” Varela y Duilio Dobles. Técnico: Ismael “Melo” Quesada.

El CS Cartaginés empleó a Manuel Cantillo; Enrique Madriz y Napoleón “Polón” Aguilar; Carlos Chinchilla, Humberto Cisneros y Jorge Calvo; José “Cuco” Marín, Marcos Madriz, José Rafael “Fello” Meza, Hernán Cabalceta y Alfonso Arnáez. Entrenador: Coronel Raúl Pacheco.

En la rifa de casas, ganaron los brumosos quienes escogieron atacar de Este a Oeste en la etapa inicial. A las 3 pm, el árbitro Julio Güell silbó el inicio del compromiso, quien ganara, sería el campeón de la temporada de 1940.

La primera llegada fue azul y blanco con un remate de Cabalceta “a boca de jarro” que repelió Agapito enviando a tiro de esquina al minuto 7.

Los siete goles

La paridad se rompió al minuto 20 con un cabezazo de Dulio Dobles, 1-0 arriba Herediano. No se habían recuperado los cartagineses del tanto cuando llegó el 2-0 de “Ñeco” Varela, quien aprovechó un rebote de Cantillo para marcar al 22’.

Al minuto 35, Chinchilla del Cartaginés sacó centro y Hernán Cabalceta de cabeza descontó para los brumosos, 2-1. No obstante, el juego de los florenses les volvió a dar frutos con “Manolo” Zamora al 43’, quien marcó, con buen cabezazo el 3 a 1. Así acabó el primer tiempo.

Coronel Raúl Pacheco
El Coronel Raúl Pacheco, Capitán General (Entrenador) del Cartaginés en el título de 1940.

Reacción brumosa

En el complemento y con el marcador en contra, Cartaginés sacó fuerzas para lograr la hombrada, a pesar de que se quedó con 10 hombres tras la lesión de Enrique “Quique” Madriz al 59’. Cabalceta le sirvió un pase a “Fello” Meza y éste no dejó ir la opción para el 3 a 2, sobre los 65 minutos.

El partido era de gran espectáculo, con dos equipos volcados al frente. “Fello” Meza al 75’ emparejó los cartones, tras asistencia del joven Marcos Madriz, 3 a 3 y el delirio de la afición blanquiazul. Varios entraron al campo a felicitar a sus muchachos.

El mejor juego del equipo de la Vieja Metrópoli le deparó el sorprendente 3 a 4, anotado por Hernán Cabalceta al minuto 78.

Incluso, al Cartaginés se le anularon dos goles, uno a Marcos Madriz y otro a Chinchilla por estar en supuesto fuera de lugar.

Al ser casi las 5 de la tarde, el juez Julio Güell dio el silbatazo final y el Cartaginés se proclamó Campeón Nacional de 1940, al alcanzar 13 puntos y dejar al Orión FC con 12, Herediano 11, Sociedad Gimnástica Española 10, La Libertad 9 y Alajuelense 5.

Después, todo fue celebración en la antigua capital del país, que sigue anhelando, con fe inquebrantable y una fidelidad envidiable de su afición, levantar la cuarta copa nacional.

Medalla campeones CSC 1940
Medalla al Cartaginés campeón de 1940. Ésta fue la del jugador Marcos Madriz Rivera. La conserva su señora esposa, Alba Fuentes. Foto cortesía de José Rafael Soto Sanabria.

La maldición del Cartaginés, ¿Mito o realidad?

Desde hace muchísimos años se habla de que después del último título ganado por el Club Sport Cartaginés, en enero de 1941, correspondiente al campeonato de 1940, el equipo blanquiazul recibió una especie de conjuro o maldición que le imposibilitó volver a alzar la copa, lo que en efecto no se ha dado desde ese momento.

¿Qué sucedió el día que Cartaginés salió campeón por tercera y de momento última vez? Acá hacemos un recuento de varios sucesos, con relación a notas de prensa y también algunos testimonios recogidos.

El domingo 12 de enero de 1941, Cartaginés derrotó al Herediano 4 a 3 en el Estadio Nacional, después de ir perdiendo 1 a 3, alcanzó 13 puntos y se proclamó campeón (este detalle lo ampliaremos en la próxima entrega).

Cartaginés campeón 1940
El Club Sport Cartaginés campeón del Torneo de 1940 en el Estadio Nacional, al vencer 4 a 3 al Herediano.

Terminado el juego, a las 5 pm, la algarabía de los cartagineses por volver a ser campeones era tremenda. Salieron con rumbo a la Vieja Metrópoli, que recién en 1936 había celebrado otro título. A la altura de Tres Ríos, los miembros del plantel fueron recibidos por la banda militar.

Del cantón de La Unión al de Cartago, el cuadro brumoso se fue en caravana, saliendo a la vereda del camino miles de aficionados paperos a saludar a sus héroes.

Varios integrantes del Cartaginés, tanto jugadores como de la directiva, tomaron dirección de inmediato hacia la Basílica de “La Negrita”, donde fueron aguardados por el Mayordomo del templo, señor José María Ivankovich y por Monseñor Claudio María Volio Jiménez (1874-1945), toda una autoridad eclesiástica en el país, pues el Papa Pío XII le otorgó el honor de Arzobispado Titular de Soterópolis y de Prelado de Honor del Santuario de Nuestra Señora de los Ángeles en 1940, siendo consagrado por Monseñor Víctor Manuel Sanabria.

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Monseñor Claudio María Volio (1874-1945) recibió en la Basílica de los Ángeles al Cartaginés campeón de 1940

El Arzobispo Volio entonó un tedeum, que es un canto de acción de gracias en el Catolicismo. De los que asistieron al acto religioso, porque no se presentó todo el plantel, algunos lo hicieron montando a caballo y luego a algunos los ingresaron a la Basílica en hombros (popularmente conocido esto como “a caballo”). En ningún momento se ingresó con las bestias al templo, como erróneamente se ha tergiversado la historia.

Concluida la actividad religiosa se realizó una recepción y un baile en los salones del club. Fue un día de fiesta en Cartago, a pesar de que según reportes del tiempo, la noche estuvo muy fría, pues la temperatura descendió hasta los 12 grados Celsius; pero eso importó poco en medio de tanta celebración.

Los actos festivos no acabaron ahí. Una semana después el Coronel Raúl Pacheco, Capitán General (entrenador) de los brumosos, recibió una medalla de oro por parte de los jugadores del Cartaginés, como reconocimiento a su esfuerzo y empeño. En contraparte, el Coronel Pacheco ofreció un almuerzo para todo el plantel de la Primera División en el Balneario de Ojo de Agua, el domingo 19 de enero de 1941, en lo que se reseña fue una actividad muy lucida.

El Club Sport Cartaginés fue premiado hasta el domingo 30 de agosto de 1941, cuando comenzó la temporada de 1941, en el Estadio Nacional de La Sabana.

Revisadas diversas reseñas y testimonios, podemos llegar a la conclusión de que la famosa “Maldición del Cartaginés” no es más que una muy buena leyenda urbana, que a lo mejor ha calado en la mente de muchos para explicar la sequía de un título de Primera División, en estos últimos 75 años.

Un interesante partido de fútbol para recibir el año 1916

Hace un siglo San José despidió el año y recibió el nuevo lleno de actividades deportivas, toda una entretención saludable para los costarricenses de la época, a pesar de que ni existía el proyecto de un estadio. El escenario sería como de costumbre el llano de La Sabana.

Balón 1915 genéricoEl llamado “Concurso Atlético 1915-1916” contó con varios números. Hubo una carrera entre San José y Tres Ríos, la cual contó con once participantes. También se jugó un match de Polo enfrentando al equipo de San José contra el de Cartago, más otras varias competencias pedestres, lanzamiento de martillo, campeonato de salto, béisbol y por supuesto fútbol.

En pleno desarrollo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), se decidió formar dos equipos, uno denominado “Aliados o Negros” y el otro “Teutones o Rojos” en clara referencia a los dos principales bandos del conflicto bélico, Francia y el Imperio alemán, respectivamente.

El domingo 2 de enero de 1916 en La Sabana se dio el encuentro. Los “Aliados” saltaron con el siguiente once: Eugenio Garrón (Capitán), Víctor M. Ruíz, Raúl Guzmán, Carlos Collado, Eduardo Garnier, Ricardo Fournier, Joaquín Manuel Gutiérrez, Luis Valerio, Eladio Rosabal, Miguel Ángel Castro Gamboa y Claudio Arguedas. Suplentes: Miguel Jiménez y Gonzalo Sánchez.

Por su parte los “Teutones” con Joaquín Lizano (Capitán), Manuel Ortuño, Egon Holst, Roberto Figueredo, José Sánchez, Arturo Lutzchaning, Gilberto Arguedas, Guillermo Serrano, Alfredo Serrano, Ricardo Bermúdez y Antonio Hütt. Suplentes: Tomás de Pedro, Alfredo Lutzchaning y Eduardo Hütt.

Como juez de la partida estuvo don Óscar J. Pinto, con Rafael Salas y Abel Villanea en calidad de guardalíneas.

“Basta ver que en las anteriores listas de jugadores aparecen los nombres de los mejores foot-ballistas con que el país cuenta, para formarse una idea de lo interesante y de lo reñida que promete estar la partida que entre Aliados y Teutones se jugará el último día de las fiestas”, escribió la prensa de entonces.

La rivalidad fue interesante habiendo, en los equipos titulares, tres jugadores de origen alemán como Egon Holst, Arturo Lutzchaning y Alberto Hütt y tres de origen francés: Eduardo Garnier, Ricardo Fournier y Eugenio Garrón.

El choque convocó a una concurrencia numerosa en La Sabana, como hacía tiempo no se presentaba, mezclados ticos con extranjeros.

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El ex Presidente de la República (1914-1917), don Alfredo González Flores (1877-1962).

A las 9 am llegó el camión de los francófilos, adornado con banderas de Francia y lanzando al aire multitud de tirillas de papel con vivas a Francia, Bélgica, Italia, Serbia, Inglaterra y Rusia. Poco después arribó el Presidente de la República, don Alfredo González Flores, abogado herediano, egresado del Liceo de Costa Rica quien se acompañó de varios familiares y amigos, lo mismo que el equipo germano.

Inició el partido generando acciones bastante parejas, lo que se vio reflejado con un empate 0 a 0 en el primer tiempo. La segunda parte se disputó con gran tenacidad. En este lapso los “Aliados” jugaron con la cancha favorable (de Este a Oeste).

La presión francesa dio frutos con el tanto de Joaquín Manuel “Toquita” Gutiérrez para el 1-0, lo que abrió el juego, cayendo dos anotaciones más para los francófilos quienes obtuvieron el triunfo definitivo por 3 a 0. Así acabó la partida y los actos de fin y principio de año, aquel 2 de enero de 1916, hace 100 años, teniendo de por medio una gran festividad deportiva.

Toquita Gutiérrez crónica
Joaquín Manuel “Toquita” Gutiérrez (1893-1983) anotó el primer gol aquel domingo 2 de enero de 1916. Foto: Crónica.